gusto
Me gustaría no parecer tan formal ni lúgubre. Me gustaría me percibieras sin serenos en la piel y con más rocíos en el pelo. Me gustaría parecerte menos triste y tener por mas rato los ojos cerrados. Me gustaría ser tan crédula que ni tus mentiras perturbaran mi pestañeo. Quisiera que mi corazón regresara de donde vino y mis ideas buenas se materializaran todas. ¡Qué diera porque el cansancio no me doblara las rodillas y el sueño no venciera la lectura!. Me gustaría no tener horarios para el hambre, con botellas de agua helada a todas horas. Quisiera ver el zócalo lleno de flores rosadas y sólo sonrisas en los pasajeros matutinos. Si tuviera la sabiduría para callar cuando se la respuesta y saber las respuestas ante los silencios: que sólo prudencia destilara de mi boca entretejida con las palabras exactas de razón. Pero mis sueños incompletos los veo lejanos y lo que me gusta no es mas que una ausencia: estoy destinada a concentrarme mas en los encuentros que en los abandonos; me gustaría ser mas de lo que aún no soy.
desánimo
La verdad es que tampoco me animo a asomarme a la ventana. Será que me rendí. Mucho tiempo buscando contestación, dibujando los planos de este mapa para mirarlo desde lejos y entenderlo todo; la respuesta no es la esperada, ni siquiera es agradable; es tan sosa que ni parece respuesta. Veo sus alegrías con tristeza, no por la envidia, sino porque en sí misma la felicidad germina una inmensa desdicha futura. Ya estuve ahi. Me he dedicado a recordar lo feliz que era, lo bien que parecía hacer: que a pesar de los problemas yo podía sonreir: era feliz. No me arrepiento. Abracé muy fuerte mi confianza, tomé la alegría en mis manos. Bebí en sorbos y en tragos las risas. Me lo creí todo. Todo. Hoy no me animo a salir por la puerta, no me animo a asomarme a la ventana. Todo el tiempo que esperé y que breve pasó. A pesar de lo que parezca puedo contestar: estoy bien. Lo malo es que estuve mejor.
innecesario
Sobran las palabras articuladas cuando de respeto se trata. El silencio vivo, en el pensamiento de cada momento. El amor que me apena. No hay palabras; innecesarias expresiones de un pasado reciente, de hechos prohibitivos, del presente calmo de un futuro incierto. Si no te grito no es porque falte un clamor atorado. No habla el que espera. De nuevo construyo mañanas con cubos de hielo, nuevamente escribo planes con un rama en el desierto. Otra vez la innecesaria necedad de creer que algo queda en mis manos. Sin llorar lo perdido, no busco lo ya extraviado. El deseo de una mañana prometedora, es innecesario un lamento.

