valor
Conforme va pasando el tiempo, me voy dando cuenta de ciertas cosas, como se dice coloquialmente: “me va cayendo el veinte”. He tenido la oportunidad de tratar a un joven, muy joven, ambicioso, mujeriego, materialista, con altas expectativas de llegar a ser jefe de alto calibre en una transnacional, que tiene muy claro el coche que quiere llegar a tener, que le habla a su actual auto como si fuera un ser sintiente; que tiene novias jugando el papel estricto de obtener pasar estos años sin trascender, esperando el día que las supermodelos sean sus amantes y tener el justo ritmo de vida para lograr esos sueños tan anhelados. Él sabe lo que quiere y sabe lo que es. Reconoce tener precio y ser capaz de cualquier cosa por dinero. Hace deporte, bebe poco, hasta parecería ser un muchacho sano, de “buena” familia. Así es: tiene “valores”. Es simpático, listo, alto y sabe mantener una plática coherente, todo ésto correspondiendo a la nada novedosa escala en donde los demás valemos por como lucimos, lo delgados que somos, el coche que tenemos y todo lo que implica el status. Poco a poco comencé a comprender porqué me contestaba como lo hacía, porqué me trata de una manera desdeñosa, porqué quiere imponerse y porque le causo una sonrisa sarcástica. En su escala de valores, yo valgo casi nada, mis circunstancias, mis modos y mi físico estan muy lejos de donde “deberían” de estar. Pero ésa misma valía fuera de sus percepciones hace que porfin no quiera ser agradable o amena para como quien dice: llevar la fiesta en paz. Mi maltratada pero firme autoestima me hace sentir cómoda y clara de lo que soy. Tal vez no tengo tan cierto hacia dónde voy, ni mis ambiciones tienen tantos ceros en una cifra precisa como los del chico en cuestión, sólo se que yo si me imagino hacia dónde él se dirige estrepitosamente.
En éste momento pasajero que construyo como todo en la vida, las algunas canas que he descubierto en mi cabello negro me han dado la respuesta de todas esas personas que he conocido en mi vida, que se autoclasifican como “buena gente”, y que lucen bien: “sanas” y “felices”. Ahora las entiendo a casi todas y el porqué dejan un poco de maltrato, decepción y tristeza a su paso. Agradeciendo la lección a la vida, peino mi cabellera, recordando ese alguien que me decía: la experiencia es el peine que llega cuando uno se ha quedado calvo…
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Bueno sì cada quièn tiene sus vaLores y su propia escaLa, ese tipo para mi no tiene vaLores es como de pLastico.
Y yo no quiero que pase eso con eL peineeeee
jijiji
Me acuerdo del cuento del señor que se perdio en alta mar.
http://blogdescully.blogspot.com/2007/08/la-bsqueda-de-sentido.html
Saber lo que queremos lograr no nos dice nada sobre dejar de “estar perdidos”. Lo importante es el sentido.
Y tú tienes el sentido, el rumbo.
gracias scully, ahora que lo reeleo toman sentido otras cosas
aunque la embarcación esté muy linda, no sirve de nada si no navega feliz 
emm.. son historias reales de la vida real? son historias reales de tu imaginación? o son simplemente historias que piensas ver pasar? no sé, todo suena tan surreal pero a la vez tan aterrizado que me perdí.. jeje